Simple Solutions That Work! Issue 15

Contacto: STEVEN HARKER [email protected] El ruido de fondo era un tictac del metal solidificando, interrumpido esporádicamente por un sistema hidráulico perdiendo presión y, debo también decirlo, el sonido ocasional de ratas. Era como si todo el lugar se estuviera relajando luego de la semana de trabajo, preparándose para el lunes por la mañana. A veces a uno le da la sensación de que el lugar observa lo que uno hace y puede aprobarlo o no. Obviamente, esto está todo en nuestra mente, pero algunos trabajos, sin razón aparente, sencillamente van mal mientras que otros van de maravilla. Este trabajo, que tenía mucho potencial para salir mal, salió muy bien. Si había algún espíritu en aquel lugar, ciertamente le éramos de su agrado. Sin embargo, para el penúltimo fin de semana de nuestro trabajo empezamos a notar que los ruidos de fondo eran ya difíciles de desestimar. Incluso había alguna sombra eventual que se movía, típicamente captada con nuestra visión periférica, que tampoco se explicaba racionalmente. Entonces, uno sugirió que el lugar estaba embrujado. Obviamente esta idea enseguida se aceptó jocosamente. Entonces si no se encontraba una herramienta, el fantasma la había tomado y, cuando aparecía, generalmente en el lugar que debería haber estado desde un principio, era que el fantasma nos la había regresado. Para el penúltimo fin de semana, mi presencia era ya casi superflua y acordamos que visitaría el lugar el último domingo para la aprobación y cierre del proyecto. Llegué a la fundición unos 45 minutos más tarde de lo que hubiera debido, estacioné el auto y entré. Estaba más oscuro y sombrío que de costumbre ya que el equipo de instalación había colocado dos reflectores temporarios y había dividido el área en iluminado y oscuro. Bob, el jefe de la instalación, se encontraba en lo alto sobre una plataforma de acceso soldando una ménsula en su posición final. Su colega, Tom, estaba sobre otra plataforma de trabajo un poco más lejos. Ambos estaban usando cascos de soldar y el resplandor de la soldadura contrastaba con la oscuridad que los rodeaba. Esperé, mirando a la penumbra, teniendo la sensatez de evitar ser deslumbrado por el destello. Bob se detuvo, levantó su casco de protección y me divisó. Estaba esperando recibir un regaño por haber llegado tarde, pero en cambio lo oí decir un exabrupto, mayormente irrepetible y a un volumen que llamó la atención de Tom, quien nos observaba divertido. Como nada de lo que decía Bob se relacionaba con mi llegada tarde, le pedí que me explicara y me contó que 30 minutos antes se había quedado sin varillas de soldar y, al verme debajo, me ha gritado que fuera a buscarle otro paquete de varillas, un encargo que ya había hecho para él en varias ocasiones anteriormente. Este pedido fue ignorado y, para cuando Bob empezó a bajar por la escalera de la estructura, yo había desaparecido en la penumbra. Tom confirmó la historia. Les señalé que el problema con la historia era que 30 minutos antes yo todavía me encontraba a varias millas de distancia del lugar y que recién había llegado. Ya estaba empezando a enojarme por lo que consideraba un ataque verbal injustificado. Tom, probablemente intentando calmar la situación dijo “¿el fantasma? ”. Bob reconoció que, por el efecto de los reflectores, en la penumbra, no pudo reconocerme bien pero, ¿quién otro podría haber sido? Esto nos dejó pensando, aunque afortunadamente pudimos cumplimentar y dar por terminado el proyecto sin otro incidente. La respuesta a nuestro enigma la conocí al día siguiente, cuando recibimos una visita de la policía. Parece que no fuimos los únicos que trabajamos durante ese fin de semana. Unos ladrones, posiblemente con algún cómplice interno, se habían llevado toneladas de piezas fundidas, piezas rechazadas y otras materias primas. Todo de alto valor en un mercado de metaleros que no quiera mirar en detalle el origen de los materiales que compra. Los ladrones habían pasado la mayor parte del fin de semana cargando su botín. No solo eso, también el llamado de la naturaleza los había llevado a utilizar los sanitarios en el otro extremo de la fundición. O posiblemente, encargaron a alguien que nos mantuviera a la vista. Durante un breve tiempo fuimos sospechosos, pero logramos probar que no tuvimos nada que ver. Sin embargo, el incidente explicaba el fantasma y sus ruidos. 56

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